¿Cómo reconocer la dermatitis de contacto irritativa?
En la dermatitis de contacto irritativa, la piel reacciona tras entrar en contacto con un agente irritante específico: un producto cosmético, químico, medicación… En este caso se le denomina dermatitis de contacto irritativa porque la reacción puede estar ligada al tacto o frotamiento con el agente irritante durante cierto período de tiempo. No se trata de una alergia y tampoco es contagiosa.
A menudo, este eccema afecta a cara y manos. Los síntomas clásicos varían dependiendo de a qué es más sensible cada persona: desde piel seca hasta enrojecimiento, hinchazón, pequeñas protuberancias, manchas rojas, ampollas, escozor, ardor y picazón… Cuando la afección se vuelve crónica, la piel puede volverse más gruesa, descamarse y desarrollar grietas.
Causas habituales de la dermatitis de contacto irritativa
La reacción del cuerpo a ciertos factores irritantes está relacionada con una barrera cutánea defectuosa. La reacción ocurre unas horas después de la exposición y se limita al área exacta que estuvo en contacto.
Aquí encontrarás algunos ejemplos de irritantes que pueden desencadenar eccema de contacto irritante. Ten en cuenta que la reacción siempre será mayor si además existen factores físicos agravantes, como el roce, el frío o el calor.
Uno de los tipos más conocidos de dermatitis de contacto irritativa es la exposición a productos de limpieza y detergentes. Suele ocurrir en contextos domésticos y profesionales, sobre todo en ámbitos de cuidado y salud. Algunos trabajos también presentan mayor riesgo de dermatitis de contacto irritativa:
Profesionales del cuidado: productos químicos, detergentes y desinfectantes…
Profesionales de la construcción
Profesionales sanitarios: lavado de manos frecuente, productos químicos, desinfectantes, productos antisépticos…
Profesionales de la agricultura y la jardinería
Tratamientos para la la dermatitis de contacto irritativa
Limpia el área afectada con un producto suave lo antes posible. Consulta a tu médico si tienes una reacción fuerte. Pero, sobre todo, intenta prevenir el brote con buenos hábitos:
Aplica una crema emoliente que pueda actuar como barrera protectora
Usa guantes (que no estén hechos de látex o goma)
Comprueba la composición de los productos que utilizas.
Evita la exposición a sustancias que has identificado como irritantes para tu piel.