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Son muchos factores que pueden detonar un eccema atópico. Ante todo, suele haber una predisposición genética que hace que la piel sea más seca y menos "impermeable" que la piel de los niños que no sufren de eccema. Los demás factores se relacionan con el medio ambiente, y pueden agredir estas pieles genéticamente frágiles. Entre ellos podemos destacar el uso de detergentes sobre la piel, alergias a elementos presentes en el ambiente (por ejemplo ciertos productos con los que están elaborados los cosméticos), alergias a ciertos alimentos, etc. Por lo tanto, el eccema atópico no es tanto una enfermedad alérgica como una enfermedad genética. Por eso, a los niños en riesgo de desarrollarla (niños que tengan antecedentes familiares de eccema atópico) hay que hidratarles la piel frecuentemente, para tratar de prevenir su aparición.